«Watta matta?» es la forma caribeña de decir «what's the matter?», ¿qué pasa? Dicha despacio, en voz baja, entre dos olas, perdió la pregunta por el camino.
Se quedó solo la respuesta, la que se da con la barbilla y media sonrisa: no matta. Nada, hermano. No hay problema.
No lleva signo de interrogación porque ya lleva la sonrisa puesta. Es la frase que se dice entre dos sets, entre dos sorbos, entre dos risas.
Una frase mal pronunciada que se volvió norte. Es el eslogan, el mantra y el ancla: no hay problema.
Para nosotros, ser rico no va de tener. Va de no necesitar.
En 1979, en una entrevista para la televisión australiana, le preguntaron a Bob Marley si era un hombre rico. Contestó:
¿Las posesiones te hacen rico? Yo no tengo ese tipo de riqueza. Mi riqueza es la vida, para siempre.
Bob Marley · 1979
Treinta y tres años después, Pepe Mujica, entonces presidente de Uruguay, lo dijo delante del mundo en la cumbre de Río+20 (2012):
Pobre no es el que tiene poco, sino el que necesita infinitamente mucho.
Pepe Mujica · Río+20, 2012
Esa es la manera de pensar de WATTA MATTA: la riqueza se mide en vida, no en cosas. Y hay un cuento que se cuenta en todas las orillas que lo explica mejor que nadie.
SIN PRISA
El pescador y el hombre con prisa
En una playa del Caribe, a media mañana, un viejo pescador dormitaba al sol dentro de su barca, varada en la arena. A su lado, una cesta con unos cuantos peces que todavía brillaban.
Pasó por allí un hombre de negocios de vacaciones, con el móvil en la mano y la prisa todavía puesta.
—¿Ya ha vuelto? ¿Ha ido mal la pesca?
—Ha ido muy bien —dijo el pescador, sin abrir del todo los ojos—. Ya tengo suficiente para hoy.
—¿Y qué hace con el resto del día?
—Duermo un rato, cojo unas olas si entra el swell, juego con mis nietos, como con mi mujer y, al caer la tarde, toco la guitarra con los amigos.
El hombre de negocios no se lo podía creer.
—Si saliera más horas, pescaría el doble. Con lo que ganara se compraría un barco más grande, luego otro, luego una flota. Montaría su empresa, se iría a la ciudad, saldría a bolsa…
—¿Y cuánto tardaría en todo eso?
—Veinte años. Quizá veinticinco.
—¿Y después?
—¡Después viene lo mejor! Se retiraría a un pueblo tranquilo junto al mar. Podría dormir al sol, pescar un poco, coger unas olas, jugar con sus nietos, comer con su mujer y tocar la guitarra con los amigos.
El pescador sonrió, se bajó el sombrero de palma hasta los ojos y dijo:
—Watta matta, my friend? Eso es justo lo que estoy haciendo ahora.
El hombre se quedó mirando la arena, sin saber qué decir. Por primera vez entendió que llevaba toda la vida corriendo para llegar al sitio donde el pescador ya estaba tumbado.
Nuestra versión de un cuento popular que el escritor alemán Heinrich Böll hizo famoso en 1963.
Lo que nos enseña
No hay que llegar a ningún sitio para vivir bien. Ya estás ahí.
Lo suficiente es mucho. Lo que sobra se paga con tiempo.
El tiempo es la única riqueza que no vuelve. Por eso no lo vendemos barato.
El pescador no es pobre. Pobre es el que necesita veinte años para llegar a donde él ya está.
WATTA MATTA nace mirando a una orilla que existe: la de la gente que llegó a construir el mundo de otros y se quedó a vivir el suyo.
Desde el siglo XIX, miles de hombres y mujeres de Jamaica, Barbados, Trinidad y otras islas cruzaron el mar hasta Panamá. Levantaron el ferrocarril que unió los dos océanos, abrieron el canal a pico y pala y sostuvieron las plantaciones de banano de Bocas del Toro. Hicieron el trabajo más duro del imperio de otros.
Cuando el trabajo se acabó, muchos no se fueron. Se quedaron en las islas, al margen. En Old Bank, en la isla de Bastimentos, siguen ahí: casas de madera de colores, pescado con coco, calypso y reggae saliendo de alguna parte.
Conservaron su inglés y, mezclándolo con el español, el patois y el ngäbere de los pueblos de la zona, inventaron un idioma propio: el guari-guari.
Llegaron sin nada que fuera suyo y se quedaron con lo único que no se puede comprar: su manera de vivir.
Eso es lo que honramos. No lo copiamos ni lo vendemos: lo escuchamos. Fuerza, espíritu, sonrisa y ganas de vivir, sin necesitar a nadie.
Hecho en calma, hecho en banda, hecho sin pedir permiso.
BOCAS DEL TORO · --:-- ·
04 · La frecuencia
Todo empieza y acaba en el agua. El surf nos enseñó casi todo lo que sabemos: que una ola no se fuerza, que se rema mucho para un momento que dura segundos, que en el pico se respeta el turno y que el mar siempre manda.
Y todo pasa bajo el sol. Somos trópico: palmeras que se doblan con el viento, mango y coco recién abiertos, lluvia caliente que llega y se va, hamaca a la sombra, chanclas, piel salada y pelo quemado por el sol. Somos pura vida: la vida tal cual viene, sin adornos y sin prisa. Y cuando alguien pregunta cómo va, la respuesta es siempre la misma: todo pritty.
Somos un proyecto colaborativo, cooperativo y underground. No una marca de ropa que también hace eventos, ni una agencia que también vende camisetas.
Somos una comunidad que produce: prendas, diseño, rutas, viajes, sonido, encuentros, web y lo que venga. Lo que une todo no es el producto. Es la frecuencia.
Todo lo que sale de aquí lleva la misma pegatina invisible: hecho en calma, hecho en banda, hecho sin pedir permiso.
Suena a ruido blanco entre dos emisoras. Huele a sal, a coco y a crema solar. Es una pegatina descolorida en el salpicadero de una furgoneta, un riff de Eskorbuto saliendo de un altavoz que se sabe roto, una tabla con una reparación hecha en casa.
No tenemos políticas, porque las políticas son para obedecer. Tenemos principios, porque los principios son para vivir.
1
La calma es un acto de rebeldía. En un mundo que te quiere con prisa, ir despacio es desobedecer.
2
No necesitamos nada para que nadie nos mande. Quien no necesita, no depende. Quien no depende, es libre.
3
El único reloj es la marea. Los ritmos los marcan el swell, el viento, el sol y la luna. Una ola no se fuerza: se lee, se espera y se rema cuando toca. Llegar tarde a lo que no importa es una elegancia.
4
Arreglar antes que comprar. Lo casero vale más que lo nuevo. Lo remendado cuenta una historia.
5
Lo suficiente es mucho. Nuestro lujo es no tener que explicarnos.
6
Hecho en banda. Nadie hace esto solo. Como en el pico: se respeta el turno y se comparte la ola. Lo que se crea aquí es de quien lo crea y de quien lo comparte.
7
Equivocarse está permitido. La belleza está en lo imperfecto: la letra torcida, el color que se sale, la ola que no salió.
8
Al margen, no en contra. No venimos a tumbar nada. Venimos a vivir aparte, a nuestra manera, y a dejar la puerta abierta.
9
Pura vida. Todo pritty. Be happy. Be here. Be free.